María Cristina Gómez Investigar en Derecho se ha constituido en algo más que una exigencia de requisitos mínimos, que deben ser cumplidos para lograr un registro calificado. Se ha constituido en una obligación social, ética y política, en un país que como el nuestro no cree en el Derecho y paradójicamente, exige que éste otorgue respuestas y posibilidades para salir del conflicto en el que estamos inmersos. A la pregunta ¿que justifica estudiar el derecho en un país en guerra?, la respuesta que se nos anticipa escéptica y desesperada, toma dimensiones comprometidas cuando aparecen los primeros resultados de las investigaciones en Derecho publicados y discutidos en una comunidad académica que comienza a conformarse en nuestro medio.
La investigación resultado de ésta comunidad jurídica, es fruto de una generación de abogados que ha tenido que sobreponerse a terminar sus estudios de Derecho, con un sino de descreimiento y angustia, pues le tocó asistir como espectador a la muerte de un ministro de justicia, a la toma del Palacio de Justicia y a la inmolación de magistrados y particulares, además de la erradicación de un partido político.
***El avance desigual de las disciplinas sociales***
El panorama de la investigación en Ciencias Sociales en nuestro país está condicionado por la heterogeneidad de los diferentes campos científicos que se engloban en esta rama del saber. En general, la situación que disfrutan ha experimentado una notable mejoría, pero si analizamos área por área descubrimos que unas han progresado más que otras.
El ámbito de la Economía es el más destacado, donde en los últimos quince años, ha obtenido un posicionamiento relevante a nivel europeo y mundial. El Derecho, por otro lado, también ha experimentado una considerable mejoría. Tradicionalmente ha sido una de las disciplinas preferidas por los estudiantes universitarios y cada año han salido de las numerosas facultades universitarias promociones de miles de licenciados en Derecho. Sin embargo, los datos reflejan que el número de investigadores en esta área de conocimiento no ha ido incrementándose en la misma proporción.Estas circunstancias puede que estén relacionadas con la concepción que históricamente se ha atribuido al término investigación, más relacionado con las Ciencias Experimentales que con las Ciencias Sociales o las Humanidades. Además ha existido una confusión en torno a la catalogación del Derecho: se debate sobre si incluirla en el ámbito humanístico o en el social. Esto ha supuesto un problema a la hora de concebir esta disciplina como una ciencia sobre la que se puede investigar. Habitualmente los estudiantes recién licenciados en Derecho apuestan por dedicarse a profesiones del mundo jurídico, como juez, fiscal, abogado, notario… en lugar de centrarse en la investigación a la que normalmente se accede ocupando un puesto de profesor universitario. Y es que el estudio del Derecho se realiza, como ahora veremos a continuación, desde las Universidades.
***La falta de cultura de investigación en Derecho***
El Instituto Nacional de Estadística publicó recientemente un informe donde se reflejaba que (durante el periodo 2000-2006) la cifra de matriculación de estudiantes en Derecho ha descendido notablemente y la previsión anuncia que esta tendencia no mejorará. En general, la disminución de estudiantes afecta a todas las titulaciones, pero el Derecho es una de las más destacables por la importancia histórica que siempre ha tenido.
Este dato no parece que vaya a presentar un gran inconveniente para el ámbito de la investigación, pues la experiencia demuestra que la carrera jurídica ha sido la opción de los “bachilleres indecisos” como apunta Carlos Gómez. La percepción de esta titulación como estudio “por defecto” ha desdibujado la profesión en cuanto al hecho de que la mayoría de los licenciados en Derecho no poseían un factor vocacional por el que guiarse a la hora de marcar una carrera u otra en el impreso de matriculación ya que, “quien no quería ser médico o ingeniero, estudiaba Derecho” según nos explica Fernando Gómez. Ahora esa salida fácil, se ha convertido en una alternativa sólo para los que tienen vocación, afirma Esther Giménez-Salinas, lo que se supone que dará lugar a mayor interés por el análisis de las Ciencias Jurídicas.La investigación en Derecho, por tanto, no ha sido “una salida profesional para los candidatos a licenciados en nuestras facultades” destaca Carlos Gómez y además “casi nadie se matricula en Derecho pensando en elaborar y redactar una tesis y pasar su vida entre la biblioteca y el despacho”. Este problema parece ser más profundo -asegura el investigador- ya que está relacionado con la inexistencia de una tradición investigadora en Ciencias Sociales. “Existe algo así como una cierta convicción social de que este tipo de investigación es superflua y se olvida, con frecuencia, que la prosperidad de un país depende en gran medida de la calidad de sus operadores jurídicos y económicos”.Otro tema que afecta de forma negativa a la investigación es la catalogación del Derecho “por ramas del conocimiento establecidas por Decreto Ministerial y prácticamente inalteradas desde después de la Guerra Civil” según afirma Pablo Salvador Coderch. En este mismo sentido Fernando Gómez define las actuales áreas de conocimiento como “auténticos fósiles”. Carlos Gómez cree que esa división de las enseñanzas del Derecho obliga al aprendizaje en áreas independientes y autónomas, lo que provoca una “construcción artificial” que no refleja la realidad de las cosas.